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Injerencia

América Latina y conflictos militares

Marcelo Rech

El 2008, las tensiones entre Colombia y Venezuela contribuyeron para que se creara en la región, la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y dentro de ella, el Consejo de Defensa Sudamericano (CDS). Tales mecanismos pusieron fin a las tensiones colombo-venezolanas y mantuvieron el foco en la profundización de las relaciones militares con la generación de confianza.

En paralelo, América Latina viene consolidando su vocación como zona de paz, algo que indirectamente tuvo su partícula de contribución para que el proceso de paz en Colombia fuera finalmente desatado. Se trata del más antiguo conflicto interno del mundo y no quedan dudas de que su plazo de validad está vencido desde hace décadas.

Mientras tanto, la región no se ve libre de problemas que pueden involucrarla en conflictos de carácter bélico. Narcotráfico, contrabando, tráfico de armas y de personas. Hay un sinfín de problemas inherentes a todos los países de la región.

Cuando Álvaro Uribe era el presidente colombiano, los Estados Unidos cerraron un acuerdo – Plan Colombia – que puso millones de dólares en aquel país. Todo para poner fin por la vía militar a las guerrillas de las FARC y el ELN.

De hecho, el Plan Colombia ha sido responsable por los principales golpes contra esas organizaciones narcoterroristas. Ha sido en la administración Uribe que las FARC finalmente tambalearon.

Hoy, ese apoyo es mucho menor mientras la alianza entre Bogotá y Washington sea mantenida en el más alto nivel. En diciembre, John Kerry estuvo en la Casa de Nariño para oír al presidente Juan Manuel Santos y de sus negociadores, como avanza el diálogo de paz llevado a cabo en La Habana.

Los Estados Unidos no ignoran lo que pasa en la región mientras destinan a ella un tratamiento muy distante del mínimo necesario, incluso en relación al respecto a la soberanía de los Estados.

Igualmente, no es novedad que la presencia militar norteamericana en la región es algo contundente y se revela una amenaza real para el involucramiento de los países sudamericanos en conflictos extra regionales. El alineamiento con los Estados Unidos cobra un precio alto.

El ejemplo más reciente en el hemisferio dice respecto al Canadá que se vio víctima de ataques de extremistas del Estado Islámico.

La presencia militar norteamericana en América del Sul necesita ser repensada a la luz de los hechos y no de las especulaciones. Existe esa presencia y ella es también acepta por varios de los países. En el pasado, nascían de allí los golpes que derribaron gobiernos legítimamente electos.

Un caso más cercano a esa realidad hoy sería Venezuela. Las tensiones entre ambos los países viene subiendo y no es ningún secreto que Washington apoya a la oposición contra el régimen chavista.

Esa presencia podría sugerir la violación de la soberanía de esos países, pero eso es cuestionable en la medida que hay relativa aceptación de ese papel de parte de los Estados Unidos. Recuerdo cuando Ecuador decidió cancelar el acuerdo para el uso de la Base Aérea Militar de Manta por los norteamericanos.

No han sido pocos los países latinoamericanos que se ofrecieron para recibir nuevas bases militares de los Estados Unidos.

Obviamente, esa presencia agrega a la CIA, una vez que todo objetivo militar guarda un propósito político. Para que tales objetivos sean alcanzados, es válido inventar arsenales de armas de destrucción masiva, espionaje en escala industrial e injerencia explícita en asuntos internos de terceros.

Además, actúan para contaminar las relaciones como aquellas que dicen respecto a los intereses de la Unión Europea, de Rusia y de China, por ejemplo.

Marcelo Rech es periodista, especialista en Relaciones Internacionales, Estrategias y Políticas de Defensa, Terrorismo y Contrainsurgencia, Derechos Humanos en los Conflictos Armados, y director del Instituto InfoRel de Relaciones Internacionales y Defensa. E-mail: inforel@inforel.org.

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