Opiniones

Diplomacia
11/04/2015
Comércio
19/06/2015

Geopolítica

China moldea una Sudamérica a su medida

Marcelo Falak, especial de Buenos Aires, Argentina

La visita del primer ministro de China, Li Keqiang, a Brasil termina de dar forma al cambio mayúsculo que experimenta Sudamérica en sus vínculos con el mundo. Mientras Estados Unidos concentra su atención en problemas de alcance global y, en el hemisferio, en la normalización de su relación con Cuba, el régimen de Pekín irrumpe en el que fuera el patio trasero de Washington con una cantidad de dinero suficiente para asegurarle una sólida influencia.

Asimismo, diluye más, si todavía hacía falta, las aspiraciones brasileñas de liderazgo y establece una relación de poder ya no con la región como un todo sino, hábilmente, con cada uno de sus países, de modo radial. La asimetría del vínculo no podría resultar, de este modo, más flagrante.

Si hasta ahora China se había consolidado como garante financiero de procesos políticos sometidos a serias tensiones financieras, como Venezuela (que recibió en diversos conceptos unos US$ 50.000 millones desde 2007) y en menor medida la Argentina (con inversiones comprometidas por US$ 20.000 millones más), extiende ahora su influencia a Brasil, la mayor economía de Sudamérica.

Si bien a Brasil no le faltan divisas en el Banco Central para hacer frente a los pagos de su deuda ni a las importaciones que precisa su aparato productivo, las necesidades de Brasil no resultan menos acuciantes. El largo estancamiento de su economía necesita como el agua  la llegada de inversiones que ni el sector privado ni el sector público locales logran movilizar.

Cabe preguntarse si ese modo de relacionamientio radial (China con Brasil, China con Argentina, China con Venezuela, etcétera), establecido ya en germen en la promesa de destinar a la región inversiones por US$ 250.000 millones en diez años (lo que pone a competir por ese favor a nuestros países) es lo que conviene a los intereses regionales.

Una Argentina que exportó su crisis económica y debilitó el proyecto del Mercosur, sumada a las fragilidades económicas y diplomáticas de Brasil, han dejado al bloque a la deriva. No hay acuerdo sobre cómo avanzar, sobre qué corresponde cambiar ni en qué plazos. Así es imposible plantarse frente al mundo en general, y frente a China en particular, desde una posición de fortaleza.

Así las cosas, ¿en qué condiciones se recibe la inversión china? ¿Tiende este proceso al objetivo de diversificar e industrializar nuestras economías o, al revés, a crear enormes proyectos de infraestructura para sacar hacia Oriente materias primas invariablemente crudas?

Es difícil hacerse preguntas de fondo cuando lo que manda es la urgencia.

Marcelo Falak es periodista y analista político. Se graduó en Ciencia Política y se especializó en Relaciones Internacionales e Historia. Web: http://marcelofalak.com.ar. E-mail: marcelofalak@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *