No clasificado

Olimpiada de los misiles nucleares
07/02/2018
La ciber fuerza norcoreana lista para atacar
26/02/2018

La aventura nortecoreana de la Casa Blanca

Marcelo Rech

Hay una tradición griega conocida como “Tregua Olímpica”, que viene de los primeros juegos e implica en la cesación de todas las hostilidades entre los países participantes de las competiciones. En el año de 1992, el Comité Olímpico Internacional (COI) retomó esa tradición y un año después, la propia Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) también cobró la observancia de las “tregua”. Desde ese entonces, el COI se esfuerza para hacer de las Olimpíadas un símbolo internacional del humanismo y de la lucha por la paz.

Hoy, cuando periodistas, especialistas y formadores de opinión en general, discuten seriamente las tensiones en la Península Coreana, la “Tregua Olímpica” se hace mucho más relevante. El 13 de noviembre del 2017, la Asamblea General de la ONU aprobó resolución convocando todos los países participantes de los Juegos Olímpicos de Invierno, que se realiza en Corea del Sur, “para promover la seguridad durante los juegos”.

Por otro lado, representantes de las principales potencias afirman que no hay alternativa diplomática para solucionar la crisis en la región, mientras descarten la vía militar como medida a ser implementada. Sin embargo, los Estados Unidos tienen otra visión.

Tradicionalmente, Washington ignora las iniciativas de paz adoptadas en el ámbito del sistema multilateral. Desde hace algunos años, los Estados Unidos no esconden su indiferencia en relación al papel de las Naciones Unidas y de los demás mecanismos internacionales.

De acuerdo con el senador republicano Lindsey Graham, “no me molesta cuando las Naciones Unidas expresan su insatisfacción con la política externa de los Estados Unidos”. Él afirmó también que su país irá rever ese año, su política de financiación de la ONU, porque no quieren “dar dinero de los contribuyentes a una entidad ineficaz, débil y cada vez más antisemita”.

Hay una percepción de que los Estados Unidos esperan obediencia incuestionable de parte de los organismos internacionales al mismo tiempo en que no toleran críticas en relación a su política externa. En ese contexto, decisiones adoptadas en Washington contribuyen apenas para el aumento de la escalada de tensiones en la Península Coreana.

Recientemente, el Pentágono amplió el alcance de los ejercicios militares realizados en el Sudoeste Asiático donde también aumentó su contingente de tropas. En diciembre pasado, el Vigilant Act se ha tornado el más grande ejercicio militar de la historia realizado entre los Estados Unidos y Corea del Sur. Un ataque a la infraestructura nortecoreana habría sido el principal objetivo de las maniobras.

Además, las declaraciones del presidente Donald Trump de destruir físicamente el régimen de Kim Jong-un y realizar la “desnuclearización forzada” de Corea del Norte, tira combustible en el fuego. Podemos sumar a eso las declaraciones de la representante permanente de los Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, de que Corea del Norte “será destruida” se continua a desarrollar su programa de misiles nucleares.

Por lo tanto, queda claro que la “Tregua Olímpica” es algo que no está en el radar norteamericano. Los Estados Unidos buscan fortalecer su posición en Asia – Pacífico, aumentar la cooperación técnico-militar con el comercio de armas, y la debilitación de la influencia china en la región. Para la Casa Blanca, no importa se esas acciones ponen en mundo cerca de una guerra.

Marcelo Rech es periodista, director de InfoRel, especialista en Relaciones Internacionales, Estrategias y Políticas de Defensa, Terrorismo y Contrainsurgência y el Impacto de los Derechos Humanos en los Conflictos Armados. E-mail: inforel@inforel.org.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *