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La espectacularización de la política internaciona

La espectacularización de la política internacional

Marcelo Rech

 

Considerado como un hecho histórico, la visita de Barack Obama a Brasil también puede ser visto bajo el aspecto de la espectacularización que sigue eventos así.


Hablar sobre el aparato de la guerra montado para recibir al presidente estadounidense es hablar del obvio.


A pesar de la crisis económica que afecta a miles de estadounidenses, en su mayoría pobres y negros, arribar en el país con una comitiva de mil personas, automóviles de lujo y helicópteros, es una afronta.


Ok.  Ninguna novedad.


Lo que importa es analizar el comportamiento de Brasil.


En momentos como este, la gente a menudo se vuelve loca creyendo que el presidente norteamericano, nos va dispensar mejor tratamiento.


Durante la semana pasada, leemos, miramos y escuchamos las autoridades brasileñas hablando de Brasil y Estados Unidos como iguales.

 

Barack Obama escuchó directamente de la presidente Rousseff, y el domingo en Río de Janeiro, abogó por la igualdad entre los dos países.

No cabe duda que la visita de un Jefe de Estado confiere prestigio y estimula el fortalecimiento de las relaciones política, económica y comercial.

Sin embargo, no es el presidente de los EE.UU. quienes gobierna al país.

Puede mucho, pero menos de lo que pensamos.

Bajo nueva administración, Brasil exige el respeto por su importancia como emergente.

Y eso no es de hoy.

Pero hay una contradicción entre lo que el país quiere y lo que hace para sacarlo.

No vamos a recibir mejor tratamiento de los Estados Unidos simplemente porque así queremos.

Ningún país nos respeta solamente porque lo exigimos.

Brasil no debe ser respetado porque quieren sus políticos, sino porque su tamaño e importancia estratégica requieren.

Si no nos respetan como tal, es también porque nosotros no nos respetamos.

Brasil posee algunos de los índices de pobreza, miseria y corrupción, más altos del mundo.

Somos capaces de producir verdaderos absurdos con nuestra propia gente.

No serán visitas presidenciales o acuerdos internacionales que nos pondrán en otro nivel. Nuestra propia conducta dictará eso.

Barack Obama no vino a Brasil a cambio de nada.

Su visita está cargada de simbolismo y el simbolismo es la regla en las relaciones internacionales.

Nada de lo que han firmado tendrá impacto inmediato. Todos los diez acuerdos son el resultado de buenas intenciones.

El tiempo es quien se encargará de decirnos si hubo química entre Rousseff y Barack Obama.

Mientras tanto, se espera que Brasil se comporte como un país que tiene dirección, un proyecto nacional y que no es impulsado solamente por los deseos ideológicos de uno u otro que accidentalmente terminan gobernando.

Marcelo Rech es periodista, editor de InfoRel y especialista en Relaciones Internacionales, Estrategia y Política de Defensa y el terrorismo y la contra insurgencia. E-mail: inforel@inforel.org.

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