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Política

La Geopolítica y el espíritu olímpico

Marcelo Rech

Los Juegos Olímpicos de la era moderna han sido marcados por grandes superaciones de hombres y mujeres que desafiaran a si propios y a los límites humanos, pero también palcos para disputas políticas y ejercicio de poder. No viene siendo diferente en Río de Janeiro que recibe la primera Olimpíada en un país latinoamericano.

Recientemente, una polémica tuvo de ser arbitrada por la Justicia con respecto a las manifestaciones políticas en las arenas y estadios que reciben los eventos ya que la libertad de expresión es parte de un Estado Democrático del Derecho.

Mientras tanto, creíamos que las disputas de la época de la Guerra Fría, por ejemplo, habían sido superadas. Boicoteos a los Juegos Olímpicos por razones ideológicas serían casos del pasado. Pero, no es bien así. La crisis política en Brasil alimentó en algunos líderes el deseo de no enviaren sus delegaciones. Jefes de Estado y de Gobierno han preferido no comparecer a la apertura de los Juegos por cuestiones meramente políticas.

Ampliando un poco más el foco, percibimos que entidades responsables por los deportes de alto rendimiento también adoptan dos pesos y dos medidas en la hora de aplicar sanciones a los que violan las normas y reglas del deporto.

Desde el 2014, la TV pública alemana ARD exhibe reportajes sobre como Rusia se tornara una potencia olímpica con el apoyo estatal.  De acuerdo con los reportajes, el gobierno ruso había implementado un sistema copiado de la antigua Alemania Oriental. A partir de ese entonces, la Agencia Mundial Antidoping (WADA), decidió investigar las denuncias. Han sido gastos US$ 1,5 millón y el informe de la comisión espacial confirmó los relatos. Parte significativa de la delegación rusa ha sido excluida de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, a pesar de las presiones de varios países occidentales que buscaban la exclusión total de Rusia del evento.

Al que parece, las medidas adoptadas son ejemplares y tienen un carácter pedagógico fundamental, incluso porque los atletas de hoy no son amadores. Aquellos que alcanzan los índices para disputar el mayor evento deportivo del planeta, están entre los profesionales más bien pagados y patrocinados del mundo.

Por otro lado, es curioso que esta medida haya sido adoptada exactamente en el momento en que crecen las tensiones entre Rusia y los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Obviamente, Moscú reaccionó. ¿Serían apenas los atletas rusos los que hacen uso del doping para ganaren?

Así como ha sido en el pasado, es en el presente. Al poner en duda el desempeño de los deportistas rusos, lo que se busca en la práctica en desacreditar el gobierno liderado por Vladimir Putin. Las razones políticas no están distantes de todo eso. El resurgimiento de Rusia como protagonista en la escena internacional incomoda.

Para Rusia, es inadmisible que comportamientos individuales sean responsables por puniciones colectivas. Las equipes de atletismo y levantamiento de pesos del país han sido banidas de los Juegos, aunque no haya pruebas de que todos sus integrantes hayan sacado ventaja del doping.

En enero, la misma WADA difundió un informe que apuntaba casos de doping en países como España, Turquía, Kenia, Marruecos y Ucrania, pero se desconoce cualquier investigación al respecto y en momento algún se discutió sobre la exclusión de esos países o de sus atletas de los Juegos.

Los Estados Unidos registran más de una decena de casos de doping entre sus atletas, pero nada ni siquiera ha sido discutido. La propia WADA que se ha escandalizado con los reportajes de la TV alemana, ignoró material de la cadena Al Jazeera sobre el doping en los Estados Unidos.

Lo que se cuestiona no es la punición aplicable a los atletas rusos flagrados en el doping, sino el tratamiento diferenciado para casos semejantes, como si eso guardara cualquier relación con la igualdad con que deben ser tratados los países, grandes o pequeños, a la luz de las reglas.

Presionado, el Comité Olímpico Internacional (COI) decidió a las vísperas del comienzo de las Olimpíadas, liberar la participación de Rusia. La exclusión del país de los Juegos contaminaría por completo la credibilidad del movimiento olímpico internacional, cada vez más influenciado por cuestiones geopolíticas.

Marcelo Rech es periodista, editor y analista en el Instituto InfoRel de Relaciones Internacionales y Defensa y especializado en Relaciones Internacionales. E-mail: inforel@inforel.org

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