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La más larga de las guerras

La más larga de las guerras

Marcelo Rech

Recién, una serie de documentos secretos han sido revelados a la opinión pública mundial sobre la manera como militares norteamericanos y aliados se portan en Afganistán e Irak.

A pesar de la gravedad de las denuncias, el mundo no se sorprendió.

Unos cuantos días antes, han revelado que soldados del Ejército polonés, integrantes de la Fuerza de Asistencia a la Seguridad Internacional (ISAF), en Afganistán, explotaban predios residenciales de manera cínica y despreocupada.

Existe una expresión común que explica bien eso: quienes duerme con un perro  despierta con pulgas.

Ante las evidencias, el Pentágono exigió la inmediata interrupción de la publicación de documentos.

Aún es temprano para saber si el Talibán ganará algo de verdad con el escándalo, pero es cierto que la imagen de las tropas de ISAF sufrió un duro golpe.

Los afganos están decepcionados con los militares extranjeros que tienen su credibilidad contestada.

La decisión del Ministerio Público de Polonia en investigar las denuncias que involucran soldados del país, no debe resultar en puniciones.

No faltarán abogados para justificar tales actos y debitarlos en el estrese provocado por los constantes ataques de las milicias talibanes.

Observemos el resultado de las investigaciones realizadas respeto a hechos semejantes por Estados Unidos con relación al comportamiento de sus soldados.

Es cierto que la humanidad quiere paz, tiene medo de las guerras y de los conflictos que provocan horror y angustias.

Pero las guerras son una realidad que interesa a muchos, políticos,  gobernantes, fabricantes de armas, empresas de seguridad privada.

Existe una cadena casi infinita de gente que gana con las guerras.  ¡Y como ganan!

El siglo XXI empezó con una de las más largas de los últimos 150 años y que no tiene previsión para acabar – la guerra en Afganistán.

La impunidad de soldados de los ejércitos beligerantes no engendra defensores o diseminadores de la democracia, sino asesinos y extremistas.

Nadie diría que los militares soviéticos en Afganistán pensaban solo en formas de infligir daño a las poblaciones civiles.

Guerra es guerra, pero ningún periodista les acusó en cuanto el pillaje de museos, o en cuanto al tiroteo contra los medios de comunicación, con relación a su intención deliberada de simplemente disparar en blancos vivos, o destruir predios residenciales por diversión.

Lo cierto es que militares norteamericanos y sus aliados son reconocidos por esos actos.

La guerra deja secuelas, transforma las personas.

Según el Departamento de Defensa de Estados Unidos, desde el inicio de la guerra en Afganistán hasta abril de este año, más de 800 soldados de suelo cometieron suicidio.

Solo un tercio de ellos no estuvieron en confrontos y momentos de alta tensión.

Muchos, a la vez del suicidio, estaban o en Afganistán o de vacaciones en Estados Unidos esperando para volver a la guerra.

Algunos gobiernos ya decidieron retirar sus tropas del Afganistán.

Las voces de aquellos que resisten a la guerra están quedando cada vez más fuertes en el Congreso norteamericano.

Es una lástima que tengan percibido la futilidad de esta guerra solamente ahora. Tal vez sea demasiado tarde.

Marcelo Rech es periodista, editor de InfoRel y especialista en Relaciones Internacionales, Estrategias y Políticas de Defensa y Terrorismo y Contrainsurgencia. Correo: inforel@inforel.org

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