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23/02/2015

Nisman

La sociedad argentina se debate contra un fantasma

Marcelo Falak, especial de Buenos Aires, Argentina

La Argentina sigue sin recuperarse del golpe que significó la muerte del fiscal del atentado a la AMIA, Alberto Nisman, y la atención de la población sigue girando alrededor de una investigación que, por ahora, no termina de despejar sus dudas. Acaso sea así porque los datos duros que surgen de la misma siguen abonando la hipótesis del suicidio, justo la que los argentinos, siempre suspicaces, menos queremos considerar.

Así, cuando se esperaba que a esta altura del año los temas dominantes fueran la negociación, o la falta de ella, con los fondos buitres o los preparativos para la elección presidencial de octubre, la política sigue pendiente de este verdadero cisne negro. Tanto es así que pasó mucho más desapercibida que lo que merecía la visita de Estado de la presidenta, Cristina Kirchner, a China, concretada en la primera semana de este mes. Los US$ 20.000 millones en inversiones que consiguió (vitales también para un Banco Central al que no le sobran divisas) y el aparente viraje de una política exterior cada vez más volcada hacia Oriente y cada vez menos hacia Brasil merecían otro nivel de atención.

Que la puja política siga teniendo que ver con la muerte es un eco lamentable del pasado, triste destino en el que coinciden hoy todos los actores políticos relevantes del país. Y por tales no entendemos solamente al Gobierno y a los partidos de oposición, como sería esperable, sino que incluimos a los medios de comunicación y a los sectores en pugna del Poder Judicial… otro indicio de anomalía.

Un grupo de fiscales convocó para el próximo miércoles 18 a una manifestación en homenaje a Nisman. Curioso: algunos de los más activos de ellos han sido objetados en el pasado por supuesta obstrucción de la investigación del caso AMIA.

Se pretende que la concurrencia sea masiva y los principales líderes de la oposición ya prometieron su asistencia. Mientras, el Gobierno ha sentido la convocatoria como una afrenta y como un peligro. Y el grupo de jueces y fiscales que le son afines, nucleados en el colectivo Justicia Legítima, desacreditaron la iniciativa como el reflejo defensivo de la llamada con desdén “corporación judicial”.

Esa reacción inicial del Gobierno es combatida desde su propia entraña por intelectuales y algunos funcionarios más sagaces, que creen que no hay que dejar un relamo genérico de justicia en manos de fuerzas opositoras. Así, en las últimas horas, algunos referentes y grupos oficialistas comienzaron a pensar en asistir también.

La marcha, que se debe realizar en silencio y sin consignas partidarias, pide:

  1. Garantías para el equipo que investiga la muerte del fiscal.
  2. Que el Congreso tome cartas en la denuncia que Nisman había hecho contra la Presidenta por supuesto encubrimiento de los iraníes acusados de la voladura de la AMIA.
  3. Que el reemplazante de Nisman en esa causa sea también una “garantía de independencia”.
  4. Que se asegure la preservación de las pruebas recogidas el día de su muerte.
  5. Que la Corte Suprema vele por el esclarecimiento de la causa AMIA, por el de la denuncia de Nisman y también por el de su fallecimiento.

Hay, como se ve, reclamos para todos los poderes del Estado. Pero, que se sepa, nada de lo anterior está en entredicho. El manifiesto de la marcha parece más bien la superficie de algo más básico y acaso más importante: una catarsis de un grupo de magistrados que acaba de perder a uno de los suyos en circunstancias conmocionantes.

Pero si los reclamos no son lo central, también suma confusión que ahora todo el mundo parezca dispuesto a asistir. Las calles de Buenos Aires podrían llenarse así de funcionarios judiciales, ciudadanos de a pie de todas las tendencias, dirigentes opositores y también de funcionarios del Gobierno. Si todos nos manifestamos y nadie queda afuera, ¿a quién se dirige entonces el reclamo? Enfrente quedaría un enorme lugar vacío.

Pero ese lugar tiene, en efecto, contenido. Es el de los poderes en las sombras, un aparato de espionaje al que se le ha dado alas para hacer uso y abuso de su poder, un sistema con sectores en pugna que, para muchos, no fue ajeno a la suerte de Nisman. Un fantasma, en definitiva, que alimentó acaso en exceso las propias pesquisas del desdichado fiscal y de varios de los magistrados que se disponen a expresar su congoja en público.

Sí, la Argentina se debate contra un fantasma.

Marcelo Falak es  periodista y analista político. Se graduó en Ciencia Política y se especializó en Relaciones Internacionales e Historia. Web: http://marcelofalak.com.ar. E-mail: marcelofalak@gmail.com.

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