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Macri en Rusia: ¿un cambio de objetivos o de herramientas?

Marcelo Falak, de Buenos Aires, especial para InfoRel

Una cierta decepción con los resultados de una política exterior que, al inicio del Gobierno de Mauricio Macri, buscó recibir rápidas inversiones extranjeras mientras reconciliaba a la Argentina con las principales potencias occidentales, llevó en los últimos días a un relativo cambio de rumbo. La visita del presidente a la Rusia de Vladímir Putin fue el primer paso en esa dirección.

La de Argentina y Rusia ha sido tradicionalmente una relación peculiar, al punto que la última dictadura militar se negó a sumarse al embargo comercial contra la Unión Soviética decidido tiempos de la invasión a Afganistán.

En la administración de Cristina Kirchner, esta misma se hizo más intensa, en paralelo a un enfriamiento del lazo con Estados Unidos y los países europeos. La relación con Putin era entonces muy criticada por destacadas figuras del macrismo, que denunciaban que el país se identificaba con dictadores y se alejaba de las naciones democráticas que debían ser sus aliadas naturales.

La prometida “lluvia de inversiones” no llegó, al menos por ahora, y Rusia, con reflejos rápidos, decidió señalarle el punto a la Argentina. Tanto el viaje de Macri a Moscú como el esperado relanzamiento de la relación bilateral fueron iniciativas del Kremlin recibidas con pragmatismo en Buenos Aires.

El enfriamiento del lazo en la transición entre Cristina y Macri contribuyó a que el comercio bilateral se redujera en 2016 a la mitad de lo que había sido en 2012: 1.000 millones de dólares, una cifra irrisoria para un país como la Argentina y la undécima economía mundial, concentrados en frutas y derivados de la leche y de carnes. En un momento en que el déficit comercial argentino es un récord histórico y alcanza a 1,5 % del PIB, Rusia, uno de los pocos países con los que aún se mantiene superávit, tiene mucho para ofrecer.

El saldo del viaje de Macri a Moscú tuvo bastante de aproximación, de declaración de buenas intenciones, de promesas de -al menos- apuntar a duplicar el comercio y de seducción a potenciales inversores en energía, explotación de uranio e infraestructura. Las diferencias sobre Venezuela fueron mencionadas por el argentino y hábilmente ignoradas por el anfitrión.

Queda por verse ahora si habrá constancia para que el viaje sea el inicio de un mayor énfasis en el carácter multilateral de la agenda de política exterior de la Argentina, que no modificaría los objetivos de base, sino que ampliaría las herramientas para lograrlos. Hay puntos a favor y en contra de esa hipótesis.

La puerta está abierta.

Marcelo Falak es Editor jefe de Internacionales en Ámbito Financiero. Columnista en FM Milenium. Licenciado en Ciencia Política (UBA), especializado en Relaciones Internacionales (FLACSO) y master en Historia (UTDT, en curso)

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