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Los riesgos de una intervención norteamericana en América Latina

Los riesgos de una intervención norteamericana en América Latina

18 de agosto de 2020 - 08:00
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Marcelo Rech

En el mes de abril de 2019, un fracasado plan para derribar al régimen de Nicolás Maduro, en Venezuela, expuso la fragilidad de la oposición venezolana y su coordinación con los Estados Unidos y los demás países de la región. La insurrección que no produjo los resultados esperados sirvió para que el dictador Nicolás Maduro profundizase la caza de brujas que resultó en la prisión de varios civiles y militares. Él, mientras tanto, salió ileso y sigue ganando tiempo en el poder.

Difícil no encontrar las digitales de Washington en eso intento, que fragilizó todavía más al líder Juan Guaidó y sirvió para que el régimen chavista endureciera, ahora bajo el argumento defensable, de que hay un operativo internacional contra Venezuela. Los Estados Unidos parecen no haber aprendido con la historia. Normalmente, dónde meten las patas, la situación apenas empeora. En Argentina, por ejemplo, los intentos de reelegir a Mauricio Macri resultaron en su derrota ya en la primera vuelta y para un nombre del Foro de Sao Paulo.

Ahora, son cada vez más dudosas las chances de la presidente interina de Bolivia, Jeanine Àñez, de vencer las elecciones en aquel país. Eso sin hablar en el reavivamiento de las tensiones políticas y sociales que colocan la realización del proceso, adiado cuatro veces, en riesgo.

Además, hay procesos difíciles en Ecuador, Colombia y en el Perú. En Brasil, el alineamiento con Washington también puede cobrar un precio excesivamente alto, con el involucramiento del país en un conflicto armado, por ejemplo, con Venezuela. A pesar de la resistencia interna en meterse en una operación de intervención en aquel país, es importante no ignorar el poder persuasivo de los Estados Unidos.

Recientemente, el Embajador norteamericano en Brasilia, Todd Chapman, hablo de represalias y consecuencias, caso el Brasil decida adoptar el modelo chino de la tecnología 5G. El mensaje ha sido claro. Obviamente, la Embajada de los Estados Unidos sigue presionando para arrastrar al Brasil para una acción más contundente y menos diplomática en relación a la crisis venezolana y a la situación política en Bolivia.

Para muchos analistas, incluso norteamericanos, las medidas adoptadas por la Casa Blanca de endurecimiento de las leyes de migración y control de acceso en la frontera con México indican la intención de los Estados Unidos de intensificar los esfuerzos para desestabilizar la región, con foco, en ese momento, en Bolivia y Venezuela.

Una acción contra el régimen de Nicolás Maduro provocará, inevitablemente, un aumento en el flujo migratorio con destino a Brasil, algo que complicará todavía más la situación sociopolítica y humanitaria en el país, agravada por la crisis del coronavirus. Eso sin hablar que el caos también creará las condiciones favorables para el aumento de la criminalidad organizada, incluyendo el tráfico de drogas.

En la percepción de varios analistas, los Estados Unidos usan intencionalmente el Brasil y sus Fuerzas Armadas como instrumento de presión para forzar cambios en América Latina, especialmente en Bolivia, Venezuela y Nicaragua. Para tanto, como la historia registra, para Washington poco importan los intereses nacionales de Brasil y su convicción de que es mejor trabajar por la estabilidad regional.

Marcelo Rech es periodista, editor de InfoRel y Especialista en Relaciones Internacionales, Estrategias y Políticas de Defensa, Terrorismo y Contra insurgencia y los Impactos de los Derechos Humanos en los Conflictos Armados. E-mail: inforel@inforel.org.